Los criterios de Comercio Justo son unas reglas de juego algo distintas a las habituales, teniendo en cuenta las condiciones de vida de las personas. Las organizaciones de Comercio Justo un precio por artículo acorde al esfuerzo de los trabajadores.

El movimiento internacional de Comercio Justo quiere establecer un verdadero puente entre el Norte y el Sur para lograr condiciones laborales y comerciales justas e igualitarias, que ayuden a las poblaciones a cambiar sus condiciones de dependencia.

Se trata de unas “reglas de juego” distintas a las habituales, que tienen en cuenta las condiciones de vida de las personas y el respeto por su entorno natural. Las organizaciones de Comercio Justo pagan por cada artículo un precio acorde al esfuerzo de los trabajadores, asesoran sobre la producción, ofrecen créditos, pagan parte del pedido por adelantado y, finalmente, lo hacen llegar hasta nosotros.

El Tercer Mundo solicita desde los años sesenta, una mayor apertura de los mercados y critica las fluctuaciones del precio de las materias primas. Cada devaluación empobrece a los campesinos, obliga a extender los cultivos e impide el desarrollo de infraestructuras y servicios sociales.

Salarios para una vida digna.

Los sueldos que reciben los trabajadores del Sur les condenan a ser esclavos de la pobreza.

Unos 100 millones de personas viven del café. La mayoría son jornaleros o pequeños campesinos que cultivan sus parcelas. Cuando caen los precios del café, los pequeños propietarios deben aumentar el área dedicada a este cultivo en detrimento de los productos para el autoconsumo. Los jornaleros deben andar varios kilómetros para llegar hasta las plantaciones y cargar los sacos de café de vuelta.
No a la explotación infantil

Los niños y niñas trabajan como adultos en muchos países del Sur.

Los jornaleros son ayudados por sus hijos e hijas para así aumentar los ingresos. Las situaciones de extrema pobreza que viven las familias les fuerzan a ello. Sin una escuela que les facilite un mejor futuro, trabajan demasiadas horas y viven en condiciones insalubres y expuestos a enfermedades. Además, cobran menos por su trabajo y sufren trastornos que les afectan física y psíquicamente.
Igualdad entre hombres y mujeres

Es habitual que la mujer cobre un salario inferior por realizar el mismo trabajo que un hombre.

Desde la cuna hasta la tumba, las mujeres están sistemáticamente discriminadas en el plano social y económico. Esto les supone carecer de posibilidades de alcanzar un empleo seguro, ingresos propios, formación y por tanto tomar decisiones sobre su propio futuro. El 70% de los que viven en la pobreza absoluta son mujeres y hay un abismo entre la retribución que las mujeres reciben y el papel que desempeñan en la sociedad.
Respeto al medio ambiente y al comercio justo

La sobreexplotación de los recursos naturales compromete el desarrollo de los países del sur.

En los últimos años se ha intensificado el uso de pesticidas y fertilizantes en las plantaciones. Se estima que en los países del Tercer Mundo se utilizan sin control unas 400.000 toneladas anuales de pesticidas, muchos de ellos prohibidos en los países del Norte. Aunque a corto plazo eliminan las plagas, estos productos afectan a la piel y a las vías respiratorias, y provocan la degradación de los suelos y la contaminación del medio ambiente, con la consiguiente recesión de los cultivos. Una producción de café sin productos químicos supondrían un ahorro de entre 10.000 y 20.000 pesetas por año y hectárea, aunque la productividad de las tierras sería menor.
Derechos laborales y comercio justo

La ausencia de derechos laborales dificulta la obtención de unas condiciones de vida y trabajo más dignas.

En muchos países de Sudamérica y África, los capataces van armados; los temporeros se hacinan en alojamientos precarios; no hay ninguna cobertura sanitaria para prevenir enfermedades o accidentes; las leyes no permiten la asociación o sindicación y, si la permiten, los sicarios se encargan de perseguir a los activistas.

Autor: Intermón Oxfam
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